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viernes, 13 de mayo de 2011

DOLOR Y FIBROMIALGIA. ASPECTOS PSÍQUICOS



La fibromialgia, una enfermedad bastante frecuente en la población general, puede estar influida por aspectos psíquicos que condicionen la respuesta del paciente a sus propios síntomas e incluso que estén relacionados con su aparición.



La fibromialgia es una enfermedad con una prevalencia del 4% en la población general, pero que representa el 30% de las consultas de reumatología. El síntoma principal que la define es el dolor generalizado y especialmente intenso a nivel de la columna vertebral y grandes articulaciones (hombro, rodilla, cadera...); así mismo es importante destacar que los pacientes se quejan a menudo de rigidez, más intensa al levantares, alteraciones del sueño (es característico el sueño fraccionado y poco profundo) y sensación subjetiva de hinchazón en las extremidades que luego no es objetivable a la exploración física ni con las técnicas diagnósticas. Tampoco es extraño que sus quejas se centren en la sensación de cansancio que dura la mayor parte del día y que empeora con el ejercicio físico así como parestesias (sensación de hormigueo) en las porciones distales de las extremidades como las manos o los pies; no obstante se ha demostrado que la fibromialgia se asocia con mayor frecuencia al síndrome del túnel del carpo.

A pesar de este cuadro clínico tan florido, la exploración física suele ser anodina y sólo merece la pena destacar la existencia de puntos de mayor sensibilidad al dolor en la palpación. Del mismo modo, las pruebas complementarias arrojan resultados normales.

Todos estos aspectos llevan al paciente afecto de fibromialgia a un peregrinaje por los distintos servicios médicos en busca de una orientación terapéutica adecuada que, en muchos casos, les resulta difícil de encontrar. Esta situación es vivida por el paciente con angustia y ansiedad que aumenta la sensación de dolor pero también ha llevado a preguntarse a los investigadores por la existencia de un patrón de personalidad peculiar que condicione la aparición de esta patología, así como su asociación con los factores psicológicos y sociológicos del paciente.

Los enfermos afectos de fibromialgia suelen ser "exigentes, cuidadosos ordenados y muy meticulosos" en todos los aspectos de su vida y también es característico encontrar rasgos depresivos aunque esto último no se sabe si es un rasgo innato de su personalidad o es una manifestación psicológica de adaptación al dolor crónico.

El dolor crónico es una experiencia vital que afecta a toda la esfera psíquica y social del paciente que le lleva a sentir desamparo y desesperanza que está asociado a una resistencia cualquier tipo de tratamiento. Es característico que haya quejas multisistémicas vagas, asociadas a la falta de hallazgos patológicos así como la negación de problemas psicosociales.

Estos pacientes rechazan que su enfermedad pueda tener una base psiquiátrica aunque hay evidencia de que hay un componente psiquiátrico ya que la mayoría de sus síntomas (alteración del sueño, astenia...) son síntomas cardinales de la depresión. Esta enfermedad puede ser considerada cono una entidad clínica del espectro afectivo. Buscando la posible asociación con sucesos que hayan sido traumáticos en la historia biográfica del paciente, se ha podido comprobar que es una entidad más frecuente en aquellos sujetos que han sufrido malos tratos o abuso sexual en la infancia, abuso de drogas...

Sin embargo, no se puede afirmar que la fibromialgia sea una enfermedad psiquiátrica ya que estas asociaciones no aparecen en el 100% de los casos y por tanto, hay ocasiones en las que no se sabe si la alteración psicológica precede a la fibromialgia o son consecuencia de ella. Lo que sí parece claro es que el dolor crónico tiene un componente afectivo y que está íntimamente ligado con la afectividad negativa como la ansiedad y la depresión.
La vivencia del dolor en la fibromialgia va a depender de las características de la personalidad del paciente; así aquellos pacientes que lo viven con tensión emocional, ansiedad, depresión lo experimentan con mayor intensidad y generalmente no responden al tratamiento farmacológico; por el contrario, aquellas personas que desarrollan conductas adaptativas positivas como la creencia en sus posibilidades para superarlo, se asocian con niveles más bajos de dolor.

lunes, 2 de mayo de 2011

EL PERDÓN. Artículo cedido y recomendado por Emilia Quirós



VIVE lo más libre que puedas... Analiza bien este tema porque está muy interesante. Muchos vivimos o hemos vivido con la idea de que la "gente" nos hizo algo pero temo decirles que no es así... Lee y veras por qué...

El Perdón desde otro punto de vista.-
Las personas se la pasan la mayor parte de su vida sintiéndose ofendidas por lo que alguien les hizo... La sorprendente revelación que te voy a hacer, va a cambiar tu vida… ¡Nadie te ha ofendido! Son tus expectativas de lo que esperabas de esas personas, las que te hieren. Y las expectativas tú las creas con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias.

Si tu esperabas que tus padres te dieran más amor, y no te lo dieron, no tienes porqué sentirte ofendido. Son tus expectativas de lo que un padre ideal debió hacer contigo, las que fueron violadas. Y tus ideas son las que te lastiman.

Si esperabas que tu pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo… Tu pareja no te ha hecho nada. Es la diferencia entre las atenciones que esperabas tuviera contigo y las que realmente tuvo, las que te hieren. Nuevamente, eso está en tu imaginación.

El hábito de sentirte ofendido por lo que te hacen otros (en realidad nadie te hace nada) desaparecerá cuando conozcas mejor la fuente de las “ofensas”. Cuando nacemos, somos auténticos. Pero nuestra verdadera naturaleza, es suprimida y sustituida artificialmente por conceptos que nuestros padres, la sociedad y televisión nos enseñan. Y crean una novela falsa de cómo deberían ser las cosas en todos los aspectos de tu vida y como deben de actuar los demás. Una novela que no tiene nada que ver con la realidad.

También, las personas son criaturas de inventario. A lo largo de su vida, coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior.

Las experiencias negativas dejan una huella más profunda en nosotros que las positivas. Y cuando una persona es maltratada por alguien, deja esa experiencia en su “inventario”. Cuando conoce a alguien, tiene miedo. Y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que la hirió. Saca una experiencia de su inventario negativo. Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida, con esos lentes. ¿Resultado? Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas. Y... el inventario negativo sigue creciendo. En realidad lo que hace es que te estorba. No te deja ser feliz. Y a medida que se avanza en años, se es menos feliz. Es porque el inventario negativo aumenta año con año. ¿Has visto a las personas de edad avanzada y a los matrimonios con muchos años? Su inventario es tan grande, que parece que la negatividad es su vida. Una y otra vez sacan experiencias de su inventario negativo ante cualquier circunstancia.

Una de las mayores fuentes de ofensas, es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le dices lo que debe hacer y te dice “no”, creas resentimientos por partida doble. Primero, te sientes ofendido porque no hizo lo que querías. Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptaste como es. Y es un círculo vicioso. Todas las personas tienen el derecho divino de guiar su vida como les plazca. Aprenderán de sus errores por sí mismos. Ni la naturaleza, ni tus padres, ni tus hijos, tus amigos o parejas te pertenecen. Es como el fulgor de las aguas o el aire No los puedes comprar. No los puedes separar. No son tuyos. Solo los puedes disfrutar como parte de la naturaleza.

El cauce de un río no lo puedes atrapar. Solo puedes meter las manos, sentir el correr de las aguas entre ellas, y dejarlo seguir. Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas te va a lastimar. Amarlas, disfrutarlas y dejarlas ir.

Entonces ¿Cómo puedo perdonar?
1) Entiende que nadie te ha ofendido. Son tus ideas acerca de cómo deberían actuar las personas las que te hieren. Estas ideas son producto de una máscara social, que has aprendido desde tu infancia de forma inconsciente. Reconoce que la mayoría de las personas NUNCA van a cuadrar con esas ideas que tienes. Porque son ideas falsas.

2) Deja a las personas ser. Deja que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Dales consejos, pero permite que tomen sus decisiones. Es su derecho por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.

3) Nadie te pertenece. Ni tus padres, amigos y parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Deja fluir las cosas sin resistirte a ellas. Ama y deja ser.

4) Deja de pensar demasiado. Ábrete a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilices tu inventario. Abre los ojos y observa el fluir de la vida como es. Cuando limpias tu visión de lentes obscuros y te los quitas, el resultado es la limpieza de visión.

5) La perfección no existe. Ni el padre, amigo, pareja o Dios perfecto. Es un concepto creado por la mente humana que a un nivel intelectual puedes comprender, pero en la realidad NO EXISTE. Porque es un concepto imaginario. Un bosque perfecto serían puros árboles, Sol rico, no bichos… ¿existe? No. Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores ¿existe? No. Solo a un nivel intelectual. En la realidad JAMAS VA A EXISTIR. Naturalmente, al pez solo le queda disfrutar de la realidad. Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido. Deja de resistirte a que las personas no son como quieres. Acepta a las personas como el pez acepta al mar y ámalas como son.

‎6) Intoxícate con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tienes del mundo.

7) Imagina a esa persona que te ofendió en el pasado. Imagínate que ambos están cómodamente sentados. Dile porqué te ofendió. Escucha su explicación amorosa de porque lo hizo. Y perdónala. Si un ser querido ya no está en este mundo, utiliza esta dinámica para decirle lo que quieres. Escucha su respuesta. Y dile adiós. Te dará una enorme paz.

8) A la luz del corto período de vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No puedes darte ese lujo.

9) Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar, deja que tu herida sane.

Descárgate con alguien para dejar fluir el dolor.

viernes, 15 de abril de 2011

FIBROMIALGIA


LA LUCHA POR VIVIR SIN DOLOR
Según la Sociedad Española de Reumatología, la fibromialgia (FM)"Es una enfermedad crónica, que ocasiona dolor en múltiples localizaciones del cuerpo y un cansancio generalizado" (El 90% de quienes la sufren experimentan cansancio crónico). Pese a ser reconocida por la OMS desde 1992, los enfermos de FM "chocan" aún hoy con la incomprensión de parte del sector médico y la sociedad- por no hablar del olvido de las instituciones-.
Parte de esta incomprensión se debe a su complejidad, a que no se deja encasillar en una tipología específica de enfermedad. Por eso, hemos de hacer un esfuerzo: acercarnos a quienes la padecen para comprender.

MALESTAR
Como su nombre indica (deriva de "fibro" -tejidos fibrosos-, de "mios" -músculos- y "algia" -dolor-), la FM afecta sobre todo a los tejidos blandos de cuerpo. El dolor es su característica por excelencia, pero también lo que dificulta un diagnóstico eficaz. ¿Por qué? porque es un dolor que puede asociarse a diferentes síntomas (otras enfermedades y problemas) y que no se percibe abiertamente, de ahí que se conozca como "la invalidez invisible". ¿Cómo es ese dolor? Por lo general, se describe como un ardor o dolor generalizado, desde la cabeza a los pies, pero esto depende de cada persona. Además su intensidad puede variar de un día a otro, lo mismo que el agotamiento. También puede variar su localización, más severo en las zonas del cuerpo que más se usan. Puede interferir en el día a día, pero no suele incapacitar.

SÍNTOMAS
Aunque cambia mucho de unas personas a otras, entre los más frecuentes destacan: trastornos del sueño ( a pesar de dormir las horas suficientes, se sienten cansados); rigidez física ( se manifiesta sobre todo al levantarse por la mañana, o tras estar sentado varias horas); dolores de cabeza de tipo vascular; molestias abdominales (intestino irritable, estreñimiento, diarreas, gases); males gastrurinarios ( más frecuencia o urgencia por orinar, cistitis, reglas más dolorosas, dolor al mantener relaciones íntimas); parestesias ( hormigueo o entumecimiento en manos o pies); inestabilidad o problemas de vértigo; dolor en el pecho o partes superiores del cuerpo; hinchazón de los dedos; trastornos cognitivos (lentitud mental, sentirse abrumado, menos memoria); depresión, ansiedad, etc.

PERFIL PERSONAL
La psicóloga Anna Cuscó dice: "En relación a la FM, existen en muchos casos, unos rasgos de personalidad previos del enfermo". Son personas "bandera", muy autoexigentes, perfeccionistas y eficaces en su profesión. Con la FM, este alto nivel comienza a decrecer, no pueden mantener el ritmo de trabajo y la eficacia y sufren por ello. El 80% experimentan depresión y ansiedad.

EJERCICIO FÍSICO
Aunque no se experimenta una mejora contundente, sí se recomienda la práctica gradual aeróbico (no en fases agudas de la enfermedad). Siempre ha de estar orientado por un profesional, acompañarse de técnicas de respiración y series de precalentamiento y estiramientos posteriores. Interesa ver qué hora se está mejor para adecuarlo a ella y comenzar con esfuerzos mínimos para incrementarlos poco a poco. Las actividades deben de ser aquellas que no agoten, que su impacto sea bajo, rítmico y sobre todo adaptado a cada persona. Por ejemplo caminar, ir en bici, gimnasia acuática, natación.

PAREJA Y FAMILIA
Si en cualquier enfermedad sentirse comprendido es básico, en la FM es vital. A la edad de su aparición muchas mujeres (sector donde más incide) son madres trabajadoras. La FM rompe su orden de vida; trunca la estabilidad en el seno familiar (de todos). El sufrimiento, entonces, es tremendo al sentir mermada la vida, su persona y ver cómo afecta a quienes se quiere. Hay que hablar, buscar soluciones entre todos y acudir a un profesional si es necesario.

JUNTOS
Hoy en día, como dicen en muchas asociaciones ante "el vacio sanitario, la falta de reconocimiento, de investigación, diagnóstico fiable y tratamiento eficaz", pese a no tener carácter científico, ellas se han convertido en verdaderos sustitutos de los profesionales de FM. Estas asociaciones destacan la ayuda, el contacto y la información que suministran a los enfermos ayuda a que dejen de sentirse aislados. Por eso su principal labor es la de informar, normalizar y socializar, intentando conseguir más reconocimiento tanto desde la sociedad en general como desde las diferentes instituciones públicas y privadas. Y por otro lado creando apoyos que faltan y sin embargo son necesarios (terapias psicológicas, educativas y sociales) para convivir con la FM y aceptarla.

Dossier Salud: Fibromialgia.

miércoles, 13 de abril de 2011

EL APRENDIZAJE DEL DOLOR. Cedido por nuestra amiga Emilia Quirós Hernández




No todos reaccionamos de igual manera ante el dolor. Un hecho traumático puede dejar secuelas de por vida en unos mientras a otros les fortalece y les hace madurar como individuos. Esa diferencia de reacciones llega a darse incluso en una misma persona, tan pronto sumida en la postración a causa de un acontecimiento adverso como en otras circunstancias capaz de superar tragedias de mayor gravedad con entereza y buen ánimo, Aunque tendemos a asociar el tamaño de la herida con la intensidad del suceso que la ha causado, la vulnerabilidad varía en función de muy diversos factores que van desde el temperamento hasta la fortaleza afectiva y desde el amparo social hasta los recursos psicológicos de cada uno.

La aptitud para afrontar los acontecimientos vitales dolorosos y sobreponerse a las situaciones de fuerte vapuleo emocional es lo que se conoce como resiliencia. El término “resiliencia” está tomado de la física, donde se emplea para expresar la capacidad de determinados materiales de volver a su forma original después de haber sido manipulados o sometidos a choques y altas presiones. De forma análoga, la resiliencia en psicología se refiere no sólo a la resistencia a un trauma -lo que en lenguaje común llamaríamos fortaleza, resignación o coraje- sino también a la asimilación del proceso con madurez, sin que provoque deterioros en el individuo. Eso no significa la eliminación del sufrimiento ni de sus efectos inmediatos; el resiliente es aquel que consigue sobreponerse, pero no el que se rodea de mecanismos de protección, escapismo y autoengaño para no afrontar la realidad y así eludir cualquier clase de padecimiento.

Aunque el concepto de resiliencia ha ingresado en la psicología prácticamente en el siglo XXI, ya en años anteriores se dieron a conocer varios estudios que conducirían hasta él. Uno de ellos efectuado en Hawai por Emmy Werner y Ruth Smith, sirvió para derribar muchos de los mitos deterministas en vigor sobre las inevitables consecuencias negativas de una infancia desgraciada. Werner y Smith observaron a lo largo de treinta años la evolución de cerca de 700 niños nacidos en condiciones miserables. Al cabo del tiempo, el 80% de ellos se había desarrollado como gente responsable, competente y equilibrada cuando no totalmente feliz. Otros estudios posteriores ofrecieron conclusiones similares respecto a supervivientes de catástrofes, heridos en atentados, familiares de fallecidos en accidentes, enfermos de cáncer o víctimas de abusos y maltratos. Frente a la creencia común de que estaban condenados a cargar para siempre con el lastre del trastorno, se comprobó que un número muy elevado de casos habían sacado algún beneficio espiritual, emocional o intelectual en su maduración. Unos se habían vuelto más tolerantes y comprensivos; otros habían aprendido a valorar las cosas pequeñas y a no desperdiciar los buenos momentos de la vida; otros, en fin, se habían fortalecido frente a las adversidades y no concedían importancia más que a lo verdaderamente importante.

“Hay que sufrir para ser feliz” afirma Boris Cyrulnik, unos de los principales especialistas en la materia (“La maravilla del dolor”, ed. Granica, 2000; “De carne y alma”. Ed. Gedisa, 2006), exagerando tal vez sus planteamientos para hacer comprender la importancia de la resiliencia. Para Cyrulnik, tanto la psicología como los discursos culturales imperantes plantean consideraciones negativistas sobre el doliente que impiden a éste superar su condición. Se diría que a las víctimas no se les deja otra opción que la de redondear la tarea del agresor o del destino. Nos fijamos más en los que caen que en los que se levantan, cosa que nos honra desde el punto de vista de nuestra capacidad de compasión, pero que no ayuda nada a superar los traumas. Nuestra “cultura de la victimología” estigmatiza en cierto modo a quienes se manejan con resiliencia. Mucha gente sigue creyendo que la única respuesta posible –y moral- a la desgracia es otra desgracia, y no concibe que se pueda hablar de “beneficios” después de un trauma. Por eso miramos con malos ojos a los viudos y viudas que tratan de reconstruir su vida con otra pareja o a los enfermos que no se quejan amargamente. Algo raro les está pasando, nos decimos para nuestros adentros. O una de dos: o no saben estar a la altura de las circunstancias –y aquí altura es lo mismo que abatimiento absoluto- o no son conscientes de sus desgracias y, por tanto, tarde o temprano acabarán cayendo en una depresión más profunda.

Pero siempre habrá quien se comporte como canta el Duo Dinámico en “Resistiré” (una exhortación musical a la resiliencia “avant la page”): “Aunque los vientos de la vida soplen fuerte/ soy como el junco que se dobla/ pero siempre sigue en pie”. Aunque en la moneda salga cruz, quizá somos menos frágiles de lo que creíamos (y de lo que se empeña en sostener la psicología patogénica que sólo se fija en las flaquezas y no en las potencialidades del ser humano) y estamos genéticamente programados para hacer bueno el dicho de “no hay mal que por bien no venga”.

La capacidad humana de resistencia es incalculable, como lo han demostrado tantos y tantos seres sometidos a experiencias extremas. No por ello hay que concluir que la mejor educación es aquella que fomenta los miedos, el sufrimiento y el castigo de “la letra con sangre entra”. El hecho de que el dolor bien asimilado pueda ser fuente de crecimiento personal no invalida la pedagogía basada en el afecto, la seguridad, la alegría y el placer. Pero, dado que las tragedias existen y existirán sin que podamos hacer nada por evitarlo, ¿por qué no tratar de aprovecharse de ellas en vez de permitir que nos hundan para siempre?

José María Romera

(Publicado en “El Norte de Castilla” el 5 de enero de 2008. Sección Vida&Ocio)